El Efecto Pigmalión

Cuando alguien piensa que no seremos capaces de hacer algo y finalmente así sucede, ¿crees que es porque realmente no teníamos suficiente capacidad o porque la opinión de esa persona nos afectó hasta el punto que (de forma inconsciente) lo hicimos mal?

Aunque parezca mentira en muchas ocasiones la respuesta correcta es la segunda. Ésto se puede explicar a través del fenómeno que en psicología se conoce como, efecto Pigmalión o profecía Autocumplida.

El origen de éste efecto se encuentra en un mito griego, en el que un escultor llamado Pigmalión se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. Finalmente, Afrodita le dio vida, después de un sueño de Pigmalión, al ver el amor tan intenso que éste sentía.

Este fenómeno, explica como las expectativas que tenemos hacia los demás (y viceversa) o hacia nosotros mismos, influyen en nuestros comportamientos y resultados.

Por ejemplo, si nosotros pensamos que alguien es agresivo (profecía), inconscientemente nos comportaremos o le hablaremos de tal forma que la respuesta que provoquemos en éste sea agresiva, por tanto reafirmaremos esa primera premisa, “ves como es agresivo” (profecía autocumplida).

O por ejemplo, si pensamos que no somos buenos en matemáticas, dibujo o en un trabajo (premisa), inconscientemente pondremos menos energías en la tarea o le prestaremos menos atención, haciendo que el resultado sea malo, reafirmando así la premisa de que no sabemos hacer eso (profecía autocumplida).

La buena noticia es que también produce el efecto inverso. Es decir, si pensamos que somos capaces de hacer algo o alguien cree que lo haremos bien (nos motiva), la energía i el tiempo que le dedicaremos será de más calidad, provocando que el resultado sea el esperado, por tanto, profecía autocumplida.

Uno de los experimentos más famosos para demostrar este efecto fue el de Rosenthal y Jacobson. Éstos fueron a un colegio y escogieron una clase, les pasaron test de inteligencia a los niños y se informó a los profesores que unos cuantos (se les dijo el nombre) habían obtenido puntuaciones muy altas. Al final del año, el rendimiento de esos niños había aumentado de forma notoria, lo que los profesores no sabían era que los expertos eligieron a los niños al azar, no en función de los resultados de los test. Lo que sucedió es que, los profesores crearon esa expectativa de que esos niños eran más inteligentes y de forma inconsciente empezaron a prestarles más atención, les motivaban más, etc y el resultado fue que obtuvieron mejor rendimiento que los niños que realmente habían sacado puntuaciones altas en el test.

Lo que tenemos que tener claro, es que la forma propia o ajena de valorarnos o juzgarnos  puede ser determinante en nuestros logros o nuestros fracasos. Así que, es importantísimo tener tacto al hacer ciertos comentarios a los demás o a nosotros mismos.

“está loco, es tonto, es idiota, no sabe hacerlo, tu no que no sabes nada, tu no que no sabes jugar…” Seguro que has hecho alguno de estos comentarios o similar en numerosas ocasiones, pero claro, “en broma”. Ésto es etiquetar y hay que tener mucho cuidado. Cuando etiquetamos a las personas, que lo hacemos con muchísima facilidad, estamos determinando su comportamiento y su autoestima en esa dirección.

Lo que te costaría dejar de hacer esos comentarios o cambiarlos por positivos, no es nada en comparación con el efecto que produce.

Será cierto eso de, quién la sigue la consigue…

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